Relatos

El chico que fabricaba sueños para los demás

El chico que fabricaba los sueños de los demás era la persona más metódica que ha existido nunca.

Se despertaba todas las mañanas con el primer canto del gallo, cuando el sol aún descansaba tras las montañas de más allá de los muros de la ciudadela. Le gustaba estirarse frente al ventanal que tenía en su habitación, con el pijama aún puesto, para así, de ese modo, poder contemplar los copos de nieve cuando caían del cielo.

Le encantaban los dibujos que la nieve formaba sobre los tejados góticos de la iglesia que había junto a su casa, mientras los cuervos buscaban refugio entre los agujeros que el tiempo había dejado en la piedra negra que la conformaba. Todo aquello, esos momentos, le hacían comprender que los sueños de algunos se habían hecho realidad.

Nunca nada le pareció mal. Todo lo contrario, intentaba sentirse a gusto con cada situación que la vida le deparaba. El chico que fabricaba los sueños de los demás nunca soñó para él, pero nada de eso pareció importarle. Cuando todos se iban a dormir, durante el ocaso, él se metía en su taller dispuesto a trabajar. Le daba cuerda al reloj de la esperanza, para así saber en qué momento había creado sueños suficientes para muchos, pues no era persona que se conformara con poco. Jamás se paraba a descansar, pues no le gustaba que la gente tuviese que esperar en demasía por todo aquello que habían imaginado en sus vidas. Cuando creía haber terminado, ponía en pausa el reloj. De ese modo, todo cuanto estaba creado para los demás comenzaba su camino. Llegaba a su lugar. A su dueño.

Los otros chicos de su edad, los hijos de los mercaderes que frecuentaban la ciudad, jóvenes desvalidos sin hogar, damiselas de refinada educación con sueños de grandeza o muchos otros que ni se sabía si estaban recién llegados o dispuestos a partir, jamás repararon en que todo cuanto ocurría en sus vidas, en su futuro, dependía del chico de alegre caminar, con el pelo cortado de un lado con ojos tan grandes como platos, dispuesto a dejar un mundo mejor para los demás. Todo lo contrario, aprovechaban cada ocasión para burlarse de él. Pero nada de todo ello afectaba al chico que fabricaba los sueños de los demás. «Nada es más bonito que hacer realidad todo lo que uno puede imaginar». Él así lo pensaba, por ello no le importaba nada de todo aquello, nada de lo que los demás pudiesen opinar sobre él.

En una tarde gris, mientras la vida transcurría con la normalidad de un día cualquiera, con el sol de camino a un descanso necesario, el chico que fabricaba los sueños de los demás paseaba con las manos en los bolsillos. Pensaba de qué modo los sueños de la niña que había conocido la tarde anterior podrían fabricarse de una manera más rápida. Más efectiva. Hacerlo más real. Eso deseaba, pues esa pequeña, en realidad, necesitaba más que nadie que sus sueños se hicieran realidad, de otro modo nunca alcanzaría la felicidad que la pequeña tanto anhelaba para su familia. Sin embargo, por culpa de las casualidades de la vida, el chico se cruzó en su camino con gente que piensa que sus sueños deben siempre ser los primeros, a pesar de que no saben hacer otra cosa que no sea por su bien. Gente que no sueña, solo impone.

Eran tres.

—¿Dónde vas, chico raro? le dijo uno de ellos mientras se levantaba del montículo de piedra en el que estaba sentado.

—Camino sin rumbo alguno.

—Eso es absurdo —dijo otro.

El chico que fabricaba los sueños de los demás sonrió antes de encoger los hombros.

—No para mí —dijo al fin—. Mi cometido es fabricar todos los sueños que los demás están dispuestos a imaginar.

Los otros tres miraron al muchacho, para después reírse de él hasta acabar encogidos.

—¿Cómo se supone que haces eso? —dijo uno.

—Lo que desee ¿tú lo fabricarás? —preguntó otro.

—¡Haz lo que te pida! —reclamó el tercero.

El chico, algo indeciso, miró a los tres con el susto en el cuerpo. Negó con la cabeza, dispuesto a explicarles su verdadero cometido.

—No, no funciona de ese modo.

—¿Nos has mentido?

Volvió a negar todo, mientras su cuerpo terminaba arrinconado contra un árbol.

—Cuando os conozca veré vuestros sueños, los verdaderos, todo cuanto os falta en vuestra vida. Ese es el único modo en el que os puedo ser útil.

Disgustados por la respuesta que les había dado el chico, los tres muchachos lo agarraron por el cuello, empujando su cuerpo hasta arrojarlo al suelo. El chico, indefenso, solo pudo intentar cubrirse de los golpes.

 

Ha pasado mucho tiempo desde que nadie ve pasear por las calles de la ciudadela al chico que fabricaba los sueños de otros. Desde entonces reina la apatía en el lugar. Nadie se atreve a pensar de más, a mirar hacia lo alto para soñar en un lugar mejor o una mejor situación. La nieve no dibuja formas abstractas sobre la cúpula gótica de la iglesia que reposa frente a su ventana, donde los cuervos se refugian en los agujeros que el tiempo, mucho más deprisa desde entonces, acaba con todo lo mundano. Nada nuevo por soñar, pues los sueños, sin el chico que fabricaba sueños para los demás, nunca se volverían a realizar.

Su nombre era Fabián.

Relato para el reto: 52 retos de escritura para 2021 (#52RetosLiterup)

10 – Escribe un cuento sin usar la letra «y».

https://blog.literup.com/52-retos-de-escritura-para-2021/

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