Relatos

LA REVOLUCIÓN DE LOS TEJADOS

El hombre del traje se acercó a la barandilla flotante, donde una chica joven miraba hacia la calle.

El sol brillaba ese día. El hombre bajó las gafas de sol que hasta ese momento llevaba sobre la cabeza y se las colocó delante de los ojos. Ajustó la tonalidad y miró hacia el mismo lugar que la chica.

—Hoy hay muy buen sol. Se van a recargar todos los edificios.

La joven no dijo nada. Ni tan siquiera movió un músculo u objetó nada al respecto.

—Los huertos están en perfecto estado. El riego funciona bien y no hay nada fuera de lugar. Todo es perfecto.

Esperó de lado unos minutos, con la mirada puesta en la chica.

—Todos menos los de la señora Leonor. Piso 33C, bloque 33.

—¿Me acusa de algo? —respondió la chica. Seguía con la mirada en el exterior, en los jardines flotantes de los demás edificios y en las bicicletas estacionadas en las galerías. En la sombra temblorosa que dejaban las cortinas de agua de lluvia, aprovechadas para regar las jardineras que poblaban los paseos de la villa.

—En absoluto. Tan solo lo comentaba con usted.

La joven se dio la vuelta y se colocó de lado, imitando la postura del hombre del traje elegante.

—Somos muchos en este edificio.

—Lo sé.

—Y aún somos muchos más si contamos el resto de edificios de la villa. Sabrás que todos están conectados.

—Eso también lo sé.

—¿Entonces?

—Entonces veo que sabes de lo que te estoy hablando.

—Claro que lo sé.

Se volvió a girar y continuó mirando el exterior, apoyada sobre la barandilla flotante.

—Es un sitio pequeño.

—Acaba de decirme que somos muchos.

—Aun así.

—Aun así es pequeño.

—Eso es.

—¿Me lo explicas?

Volvió a girarse, con el gesto serio y la ansiedad que deja la impaciencia.

—A ver, ¿Usted quién es?

—Señor Amber Sol. Piso 12A, bloque 28.

—Extraño nombre —dijo ella con la duda en los labios. 

De nuevo desvió la mirada y se olvidó del hombre del traje elegante, el tal Amber Sol.

—¿No está algo lejos de su bloque? —preguntó la chica.

—Es una comunidad pequeña y libre.

Ella giró la cabeza y lo miró con cierta ironía. Una sonrisa se dibujó en sus labios, que se alargaron de manera leve. Mientras tanto, el hombre metió la mano en el interior de la chaqueta y sacó una lámina digital que proyectó en el aire, para que la joven pudiese verla aunque no quisiese.

—Soy analista de zona y recolector social.

—¿Recolector social?

—Así es. Me dedico a determinar qué zonas dentro de la villa tienen un incremento de enseres y los reparto entre las zonas más desfavorecidas. Verá, señorita, hay zonas que, por su situación demográfica o el tipo de personas que las habitan, tienen menos producción de alimento. Incluso el mantenimiento de esas zonas es competencia nuestra, de los recolectores.

—No sabía que se os llamaba así.

—¿No te gusta el nombre?

—Creo que eso es lo de menos.

—Yo así lo creo. La labor desempeñada es lo que cuenta.

Amber le ponía mucha emoción a sus palabras, y las acompañaba de gestos enérgicos con ambas manos.

—Sigo pensando que está muy lejos de su bloque.

—Verá, señorita. La cuestión que me ha traído hasta este tejado no es otra que la de averiguar el desastre que ha ocurrido en el huerto 33C. Bloque 33. El huerto de doña Leonor.

—Y me acusa a mí.

—Para nada, señorita. Pero me veo en la obligación de aclarar los hechos. Tengo que hablar con todos los propietarios para averiguar qué ha podido pasar y dar una solución a los propietarios.

—Anhela. 

—¿Perdón?

—Anhela Estardo. Mi nombre. Anhela. 

—Un nombre muy…

No terminó la frase. El hombre se limitó a mirar a la joven y a callar. Quizá no encontró las palabras apropiadas, o sus pensamientos no eran apropiados para convertirlos en palabras.

—¿Le gustaría acompañarme?

Anhela miró al hombre y, tras la espera que deja cualquier toma de decisiones, la joven asintió con la cabeza y acompañó al señor Amber Sol en un paseo que los llevó a bordear todo el tejado.

—Verá usted, señorita Anhela, la revolución comenzó aquí, en los tejados. Estará usted de acuerdo conmigo en que esto que hemos construido no ha sido sencillo.

El señor Amber se paró en una jardinera repleta de tulipanes y acarició con cuidado uno de ellos. La joven imitó el gesto. Cerró los ojos y se permitió sentir la suavidad de la flor. Su piel se estremeció y un escalofrío recorrió su cuerpo. Al mismo tiempo, un viento suave recorrió el tejado y levantó su pelo. 

—Había demasiados intereses e interesados en todo lo contrario. Sin embargo, lo hicimos posible. Desde aquí, desde los tejados de Villa Tejados. 

Ella seguía las explicaciones con un entusiasmo contenido. Con la misma seriedad que mostró mientras estaba apoyada en la barandilla flotante.

—Nadie nos gobierna, somos autosuficientes y compartimos los problemas para buscar una solución cooperativa. La mejor solución para todos. Debe entender que, como bien ha justificado usted, somos un mundo pequeño. Pero un pequeño mundo dentro de un mundo mayor. Tenemos que conseguir que todos los que componen esta sociedad remen en la misma dirección, para que otras comunidades nos vean como un modelo social a seguir. 

—Yo estoy de acuerdo con este modo de vida.

—Y yo me alegro por ello.

Los dos caminaron un instante en silencio. Tras dar la vuelta a una de las chimeneas de ventilación, tras la columna de energía solar, llegaron hasta el huerto 33C. Estaba vacío y la tierra removida.

—¿Puedo hacerle una pregunta personal?

—Me temo que aunque le diga que no acabará haciéndola, ¿verdad?

El señor Amber Sol sonrió y asintió con la cabeza.

—¿Por qué eligió el nombre de Anhela? Sé que ese es un nombre que ha elegido usted. ¿Por qué Anhela? ¿Anhela algo de la vida anterior, acaso?

El rostro de la chica se ensombreció. Tragó saliva y negó con la cabeza.

—Debe saber que hay anhelos que pueden tener remedio.

—Hay otros que no.

Los dos continuaron unos segundos en silencio. Se miraban sin decirse nada, y después miraban el huerto de doña Leonor. Piso 33C, bloque 33.

—Verá, señorita Anhela —dijo por fin el señor Amber Sol—, el piso 33A, bloque 33, ha quedado vacío hace poco tiempo.

—Lo ha sabido desde el principio, ¿verdad?

—Así es —afirmó el hombre. Acompañó las palabras con uno de sus gestos y una sonrisa amable—. Somos muchos, pero no los suficientes. Hace bastante tiempo que sabemos que duermes en este tejado y que te alimentas del huerto de la señora Leonor.

La joven Anhela agachó la cabeza con tristeza.

—No debes preocuparte —dijo Amber. Con un dedo levantó el rostro de la joven—. Fue ella, doña Leonor quien nos sugirió lo del piso 33A. Creo que sería bueno que arreglaras su huerto, eso sí. Aunque hay zonas muy ricas, tampoco lo somos tanto.

Los dos terminaron de dar la vuelta y llegaron hasta el ascensor exterior que daba acceso a las viviendas. Amber invitó a la señorita Anhela a pasar primero, luego la acompañó.

—Visitaremos su nuevo hogar. 

Ella sonrió y asintió con la cabeza. Se quedó mirando el exterior mientras en ascensor bajaba.

—Y puede volver a cambiarse el nombre si lo desea. Recuerde que la revolución comienza aquí en los tejados. Nosotros debemos ser partícipes de ella.

Relato para el reto: 52 retos de escritura para 2021 (#52RetosLiterup)

14 – El solarpunk está en auge. Escribe un relato optimista sobre el futuro de nuestro planeta.

https://blog.literup.com/52-retos-de-escritura-para-2021/

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