Relatos

MARCUS TRIPPER

No había nada en Marcus Tripper que indicara que no era un tipo normal.
Tenía las orejas colocadas de manera natural a cada lado de su cara. No eran ni grandes ni pequeñas; no estaban pegadas por completo ni abiertas como dos antenas parabólicas. Eran sencillamente normales. No escuchaba bien por una de ellas, pero eso es algo que no me era posible saber por aquél entonces. Tampoco creo que tuviera ninguna influencia en lo que hacía o no hacía, ni tengo muy claro en qué podría interesarles a ustedes ese dato.
No tenía la nariz ancha. Tampoco de forma aguileña o con un tamaño poco acorde con el resto de su cara. Ni siquiera considero que fuera demasiado pequeña. Respiraba por ella, eso estaba claro, y también que se le llenaba de mocos en los inviernos fríos y en los cambios bruscos de estación. Incluso supe de una vez que estuvo con problemas por culpa de una alergia a una especie concreta de una rara flor.
Descubrí que tenía una habilidad especial con los dedos de su mano derecha. No sé si con la otra mano también tenía esa habilidad, nunca le vi hacer nada digno de mención con ella. Marcus era capaz de pasarse una moneda entre los dedos, y lo hacía a una velocidad endiablada. En cierta ocasión me quedé mirando esa habilidad suya durante toda una mañana. Fue en el nuevo Starbucks que montaron en el centro comercial. Pedí un Frappuccino de crema y un pedazo de tarta de chocolate con nueces. La hacía girar entre los dedos índice y meñique. Primero lo hacía en un sentido y luego en el otro. Una y otra vez. Era capaz de realizar esos movimientos mientras levantaba una taza de café con la otra mano y se la llevaba a la boca.
Ojeaba todas las mañanas las noticias del periódico. Unas veces en esa cafetería, otras en la que había frente a su casa o en la primera que le apeteciera parar durante los paseos que daba todas las mañanas. Pero eso era todo.
Aparte de su habilidad con esa mano derecha no encontré nada más. Diez dedos, todos con sus uñas. No había anillo en ninguno de ellos. Unas muñecas, unos brazos y unos hombros; con su pelo, su piel, sus músculos, huesos y tendones. Se balanceaban colgadas de su cuerpo con total naturalidad, acompasando el meneo que le provocaba una leve cojera que le causó una rotura en los ligamentos de su rodilla izquierda. Habilidoso con su mano diestra y torpe con su otra pierna.
Y nada más.
Para bien o para mal Marcus Tripper era un tipo de lo más normal.
Marcus Tripper nunca salvó niños desvalidos. No dedicaba su vida a nada más que no fuera a él. No era un héroe ni salía en los sucesos por todo lo contrario. Nunca fue un experto ladrón de joyas o un malhechor de la peor calaña. Normal. eso es lo único que era.
Vestía con pantalones de color azul. Otras veces también lo vi llevando unos de color castaño claro, pero los que más parecían gustarle eran los azules. La camisa de manga corta era su prenda favorita en verano. En invierno su indumentaria no cambiaba mucho. Eso sí, añadía siempre una chaqueta con la que combatir el frío. Llevaba zapatillas deportivas. No sé si lo hacía por el tema de su cojera o quizá solo se sintiera cómodo con ellas.
Recuerdo que una vez cruzamos miradas. No creo que fuera durante mucho tiempo. Tampoco que fuera poco. Supongo que lo justo para no saber decir con certeza de qué color tenía los ojos, pero para ver que no iba por el mundo mirando al suelo.
En el tiempo que pasé observándolo no pude apreciarle ninguna manía, pero estoy seguro que las tenía. ¿No nos ocurre acaso a todos?
Una vez tomamos juntos el metro. A pesar de haber sitios vacíos prefirió no sentarse. Se agarró durante todo el trayecto a la baranda que colgaba del techo. Tenía manchas de sudor en las axilas. No es extraño, ese día recuerdo que hizo mucho calor. Hay otra gente que también suda y mancha la ropa, es algo normal.
En cierta ocasión le hablé a alguien de él. Sé que mis palabras lo trataron con respeto. No hice una descripción banal de su aspecto —a eso me refiero—. Ni siquiera de su actitud. A fin de cuentas, tampoco podía hacer mucho a ese respecto. Nunca llegué a conocerlo lo suficiente como para tener una visión exacta del tipo de persona que era. La imagen que me había creado de él podía ser tan solo algo creado a mi imagen y semejanza. Era yo quien se estaba formando una impresión de su persona. Podía no ser real, ahora mismo se basaba en las impresiones que tenía al verlo actuar en su día a día en el mundo.
Por extraño que pueda parecerles nunca crucé una sola palabra con él. Sería incapaz de reconocer su voz. No sé su tono o su timbre. Si tiene o no tiene acento. Quizá tuviera sus orígenes en el sur, o fuera del centro. Podría ser hasta extranjero y tener un acento extraño. Esto es lo único que no podré decir con certeza que sea o no normal. De todo lo demás creo estar seguro.
¿Qué historia podría contarles de alguien así? Una persona que existe en el mundo porque sí. Sin nada en sus facciones interesante, ni en sus movimientos o actuaciones. Digamos que pasaba por la vida siendo invisible para la gran mayoría de personas. Pero sin duda había algo en él. Algo que lo convertía en una persona digna de mención en algún relato de tres al cuarto. O en una novelucha servida por entregas y vendida en las gasolineras de carretera o en páginas de internet.
Después de todo este texto ustedes se preguntarán qué tenía de especial entonces Marcus Tripper.
Nada.
Nada en él era especial. Ni su aspecto, sus ropas o su conducta. Nada. Era un tipo de lo más normal.
Pero estarán de acuerdo conmigo en que la gente de vidas normales también tiene derecho a aparecer en relatos.

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