Relatos

¿Piensan los androides en un mundo mejor?

El mundo, tan lleno de luces y de sombras, de verdes volátiles y negros puros, de amarillos florecidos o del anaranjado de un fuego intratable en una guerra inacabada que consumía las ciudades, se mostraba ese día de un gris abrumador, donde cualquier atisbo de sombra parecía haber desaparecido por completo. Hasta el entorno y sus inquilinos, tan poco acostumbrados a esos tonos, parecían sorprendidos.

El C236 miró hacia arriba y previó al instante que iba a ser un día diferente. Guardó todos los enseres de labranza que había utilizado esa mañana y se apresuró con los animales.

—Maxi, imposible seguir en este momento. 

Maxi era un Border Collie mestizo que corría alrededor del androide cada vez que oía su voz metálica y entrecortada. Le saludaba con un par de ladridos y esperaba hasta recibir las siguientes órdenes sentado a su lado. Fueron muchas las veces que los señores Merlo, los dueños de la plantación, se preguntaron cuál de los dos era el ser biológico y cuál el otro, el robot.

Un fuerte y molesto viento se levantó de repente, al igual que lo hace una casualidad que aparece en un instante.

Maxi, que vio como el C236 tuvo que desplegar los refuerzos de anclaje, se revolvía y ladraba con el pelo alborotado al viento y los ojos casi cerrados. 

—No es un viento de la naturaleza.

Un estallido proveniente del cielo reventó el aire. El gris encapotado se abrió con un esplendor multicolor, dando paso a dos naves tripuladas de vigilancia que bajaban del cielo en linea recta.

El androide ladeo la cabeza al igual que hizo el animal, y esperaron que las naves aterrizaran en el centro de la granja, descolocando varios adoquines de piedra colocados como un camino, a juego con el color del día.

Las puertas se abrieron y de cada uno de los vehículos salieron seis soldados armados y dos robots de orden y combate. 

El de más rango, de barba larga entremezclada con el color caqui del traje mimetizado, se acercó a ellos y les saludó con un gesto. 

—Identificación y orden —dijo al instante.

El rostro del androide C236 se convirtió en una mueca indecisa, incapaz de clarificar su estado de ánimo o algún sentimiento aprendido.

—Identificación y orden —repitió el militar a más volumen. 

—Es una plantación de comida humana natural, situada en territorio libre —comenzó a detallar el androide—. Pertenece a la familia Merlo Sans. Los señores tienen una avanzada edad que les impide realizar las tareas de la plantación y trato de los animales. Soy un androide de mantenimiento y cuidado C236, creado por RobInc Enterprises. Número de serie ASF232C45789.

El androide se calló de inmediato y agachó la cabeza en dirección al perro.

—Él es Maxi.

Los cuatro robots de orden caminaron en dirección a la casa ante la mirada de los soldados y el androide de mantenimiento.

Maxi, el perro, corrió hacia ellos y se interpuso delante con fuertes ladridos y enseñando los dientes.

—Será mejor que ates al chucho.

—Es Maxi —contestó el androide.

Soltó los anclajes que aún agarraban sus pies al suelo y fue a paso ligero hasta el perro.

—No pueden entrar en la casa —dijo entonces.

—Podemos hacer lo que queramos —dijo otro de los soldados. Recargó el arma y la apuntó hacia el perro.

—Es una plantación de comida humana natural…

—Ya, ya lo hemos oído, pero ahora queda requisada para el mantenimiento de tropas de combate —dijo el que estaba al mando. Luego miró al otro soldado antes de continuar— Acaba con esto.

Otros dos soldados agarraron al androide C236 por los brazos y lo arrastraron para alejarlo del lugar.

—Cómo pesa el condenado —dijo uno.

—Son un montón de chatarra inútil —bromeó el otro con una sonrisa en los labios.

El otro soldado se acercó más y disparó su arma varias veces. Con un leve alarido, el cuerpo del perro cayó desplomado sobre la tierra. Un reguero de sangre se desplegaba sin remisión bajo su cuerpo. Daba la sensación de ser una alfombra mágica de color y que pronto lo envolvería para siempre.

La carcajada de alguno de esos hombres se dejó oír junto a muchas burlas. 

—Ahora vas tú.

El forcejeo tenía un sonido metálico inconfundible.

—Se… señor. —dijo uno de los soldados de repente.

El militar al mando se giró hacia él y esperó disgustado por la cara que había puesto.

—No tiene panel de control.

A menudo los grises traen lluvia. Puede que, para algunos, el agua caiga como una pesada losa sobre sus cabezas. No era así para el C236. Sabe que el agua de lluvia, un bien tan escaso como preciado, es una bendición para la tierra. Es el sustento de la tierra y la comida para el alimento que crecía lenta bajo los pies que pisaba.

El androide C236 se metió en el cobertizo donde un rato antes había guardado todos los enseres de labranza y los volvió a sacar. Sabía que ese momento era ideal para su cometido.

Primero cavó un hoyo cerca de la casa, junto a las tumbas del señor y la señora Melor, y allí enterró con cuidado a su amigo Maxi. Echaría de menos sus ladridos, tan molestos muchas veces, pero tan necesarios siempre. Pronunció unas palabras en un idioma olvidado y prosiguió con el resto de tareas.

El abono natural era escaso entonces, difícil de conseguir y al alcance de muy pocos. Ahora disponía de bastante, no quería desaprovecharlo. Durante un buen rato lo esparció sobre la tierra labrada e hizo balance en su fuente de memoria de los beneficios que eso produciría en la tierra y en los alimentos cultivados. Estudió los beneficios en el mercado y a toda la gente que ayudaría con eso.

Con los restos de los robots de combate haría lo mismo que un día hicieron con él, y los convertiría en androides C236 de mantenimiento y cuidado. Siempre iba bien disponer de ayuda, había mucho que hacer para mejorar un mundo tan dejado.

Relato para el reto: 52 retos de escritura para 2021 (#52RetosLiterup)

21 – Haz un cuento de ciencia ficción rural.

https://blog.literup.com/52-retos-de-escritura-para-2021/

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