Relatos

Puesta de Sol

Con la puesta de los soles de Enaro daba comienzo el ritual.

Adero, Señor de los lagartos alados, hizo retumbar el tambor de la fertilidad que retumbó en cada rincón de la cueva de Inicios. Todos y cada uno de los seres, cada uno de ellos con sus peculiaridades, respondieron a la llamada de inmediato. Entro ellos él, Ashan.

Ashan era un reptil joven y elegante, de fuertes brazos y grandes alas. Se decía que era capaz de volar fuera de Enaro y regresar sin descanso. El joven sabía que había llegado su momento, pero para él el momento ocurrió mucho antes. Ahora se había decidido por no beber el brebaje de la descendencia. Sin embargo, acudió como lo hicieron todos. Acudió y escuchó.

Siete fueron las palabras que dijo Adero al inicio del ritual: “Elegid bien el Sol de vuestra puesta”, palabras que hicieron pensar al joven Ashan. Pensar en ella, en Sol-a, porque era en la única que Ashan podía pensar. Única y Única de nacimiento.

Sol-a era diferente. Ella sola se bastaba para poner, no necesitaba ni de Ashan ni de ningún otro ser. Era una Única de piernas largas y cuerpo de ensueño. Con los ojos envueltos en la fuerza de su pueblo y el fuego de sus antepasados, con el calor del astro de donde provenía. Los Únicos eran seres prohibidos en Enaro. Ellos no eran llamados por el ritual, pues no lo necesitaban. Podían tener descendencia sin necesidad de un contacto con otro ser, de hecho, su pueblo había prohibido los contactos por considerarlos innecesarios. Y los seres de Enaro nunca los quisieron cerca por creerlos despiadados en el arte de copular.

Pero Sol-a había decidido no estar sola.

Tras las palabras pronunciadas por Enaro y antes del caldo del amor, Ashan alargó los brazos y dejó que sus alas lo izaran sobre todos los demás. Los allí presentes lo miraron con asombro, pues ese gesto indicaba la rotura de las tradiciones, un gesto que obedecía a otros intereses. Otros deseos.

Adero alzó el bastón de mando y reclamó que cesara el murmullo de los presentes.

—¿Qué haces, Ashan?

Ashan se quedó en esa posición y miró al gran Señor de los reptiles a los ojos.

—He decidido no beber.

—¿Qué dices, Ashan? Eres descendiente directo de los Señores.

—Por amor.

El griterío volvió a escucharse en cada rincón de la cueva.

—¡Silencio! —reclamó de nuevo Adero—. No te entiendo, Ashan. ¿Por amor?

El lagarto joven afirmó con la cabeza.

—Así es.

—Pero… de esto se trata este ritual.

—Lo sé, pero de amor sobre todas las cosas.

Adero, señor de los lagartos alados, arrugó el rostro e hizo un gesto con las manos. Estaba confundido.

—Por mi único amor —dijo Ashan.

Se dio la vuelta y señaló hasta la entrada de la cueva, donde la sombra de una figura esbelta y recta esperaba expectante.

—Sol-a

Una negativa continuada es lo único que mostró Adero, una negativa que no significaba nada para Ashan, quien ya había tomado su decisión. El joven volvió a posarse en el suelo y caminó hacia donde aguardaba Sol-a.

—¡No lo hagas, Ashan! ¡Será tu final!

Pero ya se sabe que el amor no atiende a razones ni razones tiene para atender a nada más. Ashan acercó el rostro a la joven y dejó que ella hiciera el resto.

Sol-a lo olió y lo miró con los ojos bien abiertos, como se mira a alguien que no ves hace tiempo o a un apetitoso almuerzo. Se arrancó los trapos que usaba para taparse el cuerpo y se abalanzó sobre Ashan con tanto deseo como gula. Lo agarró de las manos y dejó que la penetrara por primera vez, ante todos.

Un silencio absoluto se había apoderado del instante y de la cueva, tan solo roto por el jadeo de ambos seres. Todos miraban inquietos y quietos, tanto que parecían árboles apostados aquí y allí, seres inanimados esperando el esperado final que no tardó en llegar. Sol-a, poderosa y Única, se separó de Ashan despacio, con las manos en el bajo vientre y la sonrisa en todo lo alto.

No hubo gritos ni lamentos, ni por lo uno ni por lo otro.

Lo uno fueron dos huevos de color verdoso que salieron de su interior al momento. Engendrados por dos seres y no uno. Sol-a los sujetó con cuidado y los depositó sobre la tierra de la cueva, bajo su cuerpo. Lo otro fue él, Ashan. Todo menos su cabeza, devorada por el ser de su vida.

El amor te hace perder la cabeza. Literal. Sin embargo, cada nueva puesta de sol, Sol-a sale a poner una nueva vida. Lo hace como Única, pero engendrados por dos.

Relato para el reto: 52 retos de escritura para 2021 (#52RetosLiterup)

4 – Escribe un relato de amor entre dos especies fantásticas.

https://blog.literup.com/52-retos-de-escritura-para-2021/

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