Relatos

Rosa con espinas

En cuanto los tipos salieron de la tienda de flores, don Genaro se dejó caer en la trastienda sobre unas cajas apiladas de plástico y se llevó las manos a la cabeza. Sabía que, por mucho que hicieran todos los puestos del mercado, a Draco nunca le parecería suficiente. Se lo demostraba cada una de las semanas. Aún recuerda cuando Salomón, el dueño de la tienda de comida para animales se negó a pagar su asignación. Esos salvajes le rompieron las dos piernas y le destrozaron la tienda.

La primera vez había empezado por un pequeño impuesto para asegurar la continuidad de los puestos del mercado. Después otro más por la seguridad; ahora era una parte de la caja mensual y todo cuanto necesitase para su casa. Así no podían seguir. Pronto se lo llevarían todo.

Tras descolgar el teléfono llamó al encargado de la gestión del mercado y convocó una reunión de urgencia. Había que hacer algo al respecto.

La reunión tuvo lugar ese mismo día al anochecer, cuando todos los puestos del mercado cerraron. Acudieron los dueños y trabajadores, ya que también ellos eran extorsionados por Draco.

—Esto debe acabar —dijo el primero en protestar.

—No podemos seguir así.

—Si todos nos negamos a seguir con los pagos nos tendrán que dejar en paz.

—No. Ya visteis lo que le hicieron al pobre Salomón y a su tienda. ¿Queréis que nos maten a todos?

—Ya sabemos lo que Draco quiere. Si se lo damos quizá nos deje en paz —dijo otro de ellos—. Debemos entregarle a Rosa.

—No —dijo don Genaro. Acompañó la negativa con un gesto con la cabeza y la rabia de sus ojos envueltos en ira—. No entregaré mi hija a ese malvado hombre.

—Draco lo ha insinuado muchas veces. Quiere que tu hija sea suya.

—¿Tú entregarías tu hija a un hombre como ese? —dijo don Genaro.

—¿Qué hacemos entonces? Así no podemos seguir. Va a acabar con todos. Es eso o enfrentarnos a él. No hay más soluciones.

—Ramón tiene razón. No queda otra alternativa.

Todos miraron a la joven que acababa de decir esas palabras y se dirigía hasta el centro de la reunión con un lento caminar y el rostro gacho. Tenía una larga melena del color del sol. Ojos grandes y cuerpo menudo. De tez clara como un mediodía de verano.

—Esta misma noche iré a hablar con él y accederé a casarme si deja a la gente del mercado en paz.

—Hija, no.

El hombre se abrazó a su hija y lloró desconsolado.

—Ese hombre no es bueno. 

—Padre, sabes que es nuestra única salida. La salida de todos los comerciantes del mercado. Jamás nos dejará en paz hasta que yo acceda a sus peticiones. 

—¿Y qué te asegura que cumplirá su palabra cuando te tenga?

—No tendrá otra alternativa. Tenemos que intentarlo.

Sin decir una palabra más, la joven salió del mercado dispuesta a entregarse a Draco. Todos la vieron partir, en silencio. Ninguno fue capaz de decir una palabra.

Don Genaro intentó frenarla, pero los demás no se lo permitieron.

—No nos queda otra, don Genaro. Déjala ir.

Jorge era un apuesto joven que trabajaba para todos y para nadie. Se encargaba de ayudar a cuantos lo necesitasen. Movía cajas, llevaba el mantenimiento del mercado, contaba cuentos a los niños en la plaza y estaba para todo el que lo reclamase. Había escuchado toda la reunión apartado a un lado, fuera de todo pero sin perder detalle de nada. Sin decir nada salió del mercado detrás de la joven, a cierta distancia pero sin perderla de vista.

Cuando la muchacha llegó a la mansión de Draco, el joven Jorge la observó escondido tras un árbol, resguardado por la oscuridad que ofrecía la noche.

Uno de los hombres de Draco y de considerable tamaño custodiaba la puerta de entrada. Le dio paso a la joven y se quedó fuera. Jorge aprovechó ese momento de incertidumbre, mientras el grandullón sonreía y andaba despistado, para correr hacia la entrada y ensartarlo por el cuello con un gancho de colgar cerdos. El tipo no supo ni de dónde le había venido el golpe. Borbotones de sangre le salían escupidos por la boca. Primero cayó de rodillas y después se desplomó muerto en el suelo. Jorge se metió en la casa.

Desde la entrada escuchaba la voz de la joven suplicarle a Draco por la gente del mercado. Rogaba por ellos y por sus negocios, y a cambio ella sería suya para siempre.

—Serás mía de todos modos —decía Draco desde la habitación de arriba.

Tras escuchar un grito de ella y un fuerte golpe que retumbó por todos lados, Jorge subió a toda velocidad las escaleras. Sacó un destornillador de uno de sus bolsillos y lo clavó en el pecho de otro de los hombres que vigilaba la parte alta de la vivienda. De una patada abrió la puerta de la habitación desde donde provenían los gritos y entró.

—¿Jorge? —dijo la mujer sorprendida.

Una sonrisa eterna se dibujó en su boca. 

De un salto, el joven se abalanzó sobre Draco dispuesto a acabar con él. Los golpes se dieron hacia un lado y hacia otro. La lucha fue encarnizada, y la sangre salpicaba todos los rincones de la habitación y a cuentos había en ella.

En un momento dado, mientras Draco tenía todo su peso sobre el joven y pretendía ahogarlo con sus manos, Rosa se quitó el alfiler de gran tamaño con el que sujetaba parte de su pelo y lo ensartó sin miramiento alguno en la garganta de Draco. El hombre soltó al joven de inmediato y se llevó las manos a la garganta empeñado en parar la hemorragia que salía sin control de ella.

No duró mucho tiempo.

El mercado luce repleto de bellos colores desde ese día. Cada mañana, Jorge elige la rosa más hermosa y más viva de la tienda de don Genaro y la deja en el mostrador para cuando llegue su hija. Ella, nada más llegar, coge la flor y, con ella en las manos, se dirige hasta la plaza del mercado para ver al joven recitar un cuento tras otro a los más pequeños del lugar.

Siempre le guiña un ojo en cuanto la ve.

El amor había nacido en ellos.

Relato para el reto: 52 retos de escritura para 2021 (#52RetosLiterup)

17 – Escribe un retelling de la historia de Sant Jordi.

https://blog.literup.com/52-retos-de-escritura-para-2021/

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