Mataría por un pedazo de carne

Tengo un amigo que se ha hecho vegetariano.

Así es, como lo estáis leyendo.

Sé bien que hoy día ser vegetariano, vegano o llegar algún tipo de control o dieta a la hora de comer está a la orden del día. Yo mismo, por ejemplo, soy deportista federado, por que llevo un “cierto” control con esto de las dietas (bueno, en mi caso… como que…). 

El hecho es que no debería haberme extrañado dicha confesión, pero lo cierto es que sí lo hizo.

Mi amigo en cuestión no es una persona cuidadosa para nada en el tema de la comida, de hecho, no recuerdo a ningún otro amigo que le gustase tanto la carne como a él. Puedo rememorar algunas charlas con él en las que me comentaba que se iba a Soria, a un restaurante de carretera donde preparaban un cochinillo para chuparse los dedos.

¡Mmm! Puedo oler desde aquí el aroma y me está entrando hambre.

Dadme un segundo, voy a por algo de comer. Vuelvo ¡ya!

Sigamos:

Como venía diciendo, mi amigo este no era persona de dietas. Ni siquiera era persona de deportes o de cuidarse en demasía, así que cuando me. vino con esas, con su recién estrenada dieta vegetariana, me sorprendió.

Pero no es de esto de lo que os quería hablar:

¿Entonces?

Tranquilos, ya voy…

Otro día hablaré de las prisas de todos por todo.

El caso es que a mitad de la comida, donde habíamos quedado, mientras él degustaba una ensalada con mejor pinta que las solitarias pechugas de pollo que yo degustaba, mi amigo soltó una frase que me hizo pensar:

Ahora mismo, mataría por un pedazo de carne.

Pues ahí está la frase.

La mente de un escritor nunca descansa, jamás deja de pensar en todo, en escenas para un capítulo, localizaciones, personalidades para uno u otro personaje. En todo. Así que vino a mi cabeza la siguiente pregunta:

¿Seríamos capaces de matar por alguna razón?

Femme Fatale. Imagen de cottonbro en Pexels.

¡Tranquilos, no os asustéis! No, esto no va de matar a nadie, al menos en la vida real.

Pero como escritor de thriller, de novela negra y de terror, la muerte viaja conmigo de la mano. ¿No te lo crees? Echa un vistazo a alguno de mis libros y verás de lo que te hablo. Es entonces cuando me hago la siguiente pregunta: ¿Cuales son las razones que llevan a otra persona a acabar con la vida de un semejante?

A la hora de crear personajes esto es un hecho importante. Salvo por un problema mental, las razones por las que una persona es capaz de quitarle la vida a otra deben quedar bien claras y establecidas en la creación de un personaje. De la nada, cualquier persona no creo que sea capaz de acabar con otra. No debe ser así de fácil.

Hay actos que vienen implantados en nuestro ADN, eso me ensañaron en psicología, (excepto cuando estudiábamos a los autores conductistas más radicales, pues ellos creían que todos nuestros actos eran aprendidos, que nada venía de “fábrica”). Por suerte, hoy sabemos que no es así.

La mayoría de los seres vivos nacemos con el instinto de supervivencia. Cualquier acto que pudiese, en un principio, ponernos en peligro, activará en nosotros una conducta de evasión o de defensa, es un acto heredado, una evolución en la mayoría de especies vivas. (Lo hacen, incluso, algunas plantas).

Habrá quien pensará, entonces, en la gente que atenta contra ella misma. Los suicidas, por ejemplo. Pero esa es otra cuestión a abordar en otro tema.

(Lo apunto).

Entonces volvemos a otra pregunta de autor:

¿El asesino nace o se hace?

Esta es una pregunta que expuso Luna Paniagua en una reseña que hizo para Trabalibros de mi novela senTID y que podéis leer pinchando AQUÍ.

Pienso que este es un complicado debate con ambas respuestas correctas. Alguien que nace con un problema psiquiátrico, con un trastorno de conducta, a la larga puede desarrollar alguna conducta agresivo a lo largo de su vida. Pero ¿nace con él? Porque su problema, su verdadera conducta no se refleja hasta pasados unos años. Incluso es posible que sea algún tipo de situación la que haga debutar tal conducta. Y volvemos a la pregunta:

¿El asesino nace o se hace?

De ahí la importancia de crear unos personajes creíbles, con pasados, una vida anterior a la novela, ya que salvo por un problema de conducta, una enfermedad psiquiátrica o un acto de supervivencia, es poco probable que alguien se convierta de la noche a la mañana en un despiadado asesino capaz de atemorizar a todo el mundo.

Bueno, y hasta aquí el artículo de hoy. Antes de despedirme me gustaría que me contases tu opinión sobre este debate, ¿el asesino nace o se hace? Y si escribes, ¿utilizas algún método a la hora de elaborar a tus personajes más sangrientos?

Espero impaciente vuestros comentarios.

¡Hasta pronto, amigos!

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