Volver a ser un niño

Madrid, 17 de Noviembre de 1999.

Tal día como hoy, pero de hace veintidós años, nos dejaba para siempre Enrique Urquijo, cantante y compositor de las míticas bandas Los Secretos y Los Problemas. Su música me ha acompañado desde siempre, cada recuerdo que tengo va amenizado con alguna de sus canciones.

Hoy no quiero discutir,
Siempre mis defectos, siempre sobre mí.
Ya no me reproches más que me estoy perdiendo,
Que no aguantas más…
 
Foto de Enrique para el disco Adiós tristeza, 1991.

Hoy no…

Así que no, hoy no vengo a hablaros de mí, de la escritura o de algo por el estilo, aunque, en parte, de lo que vengo a hablar es de música, y la música es también literatura.

La música son versos y acordes unidos con maestría para deleite y disfrute de los oyentes.

No digas que no...

Ni te atrevas a decir lo contrario. El arte, en cualquiera de sus vertientes, es tabla de salvación para las miserias del mundo. Nos salva un una maravilla pintada al óleo, la letra de una bella canción, un película. Pero la música la que más. Todos tenemos alguna canción que nos recuerda a alguien, algún momento especial o una situación en concreto. En una clase de psicología, uno de los profesores nos explicaba técnicas de estudio y reglas nemotécnicas para memorizar. Está comprobado que recordamos mejor cuando dicho recuerdo lo asociamos a alguna emoción, la que sea. Creo que la música pone eso: las emociones.

En mi caso yo utilizo la música para casi todo. Cuando me levanto por la mañana, si no me lo impide la prisa diaria, me hago el desayuno y me lo tomo mientras escucho música. En los momentos en los que necesito estar solo, me acompaña alguna canción. O muchas. Cuando salgo a correr, algunas veces también la uso. 

¡Incluso a la hora de escribir me acompaño de ella!

Yo no sería quien soy sin la música.

Otra tarde...

Otra tarde, otro miércoles, otro mal día.

La noche de este mismo día, pero de 1999, encontraban muerto en un portal en el barrio de Malasaña, en Madrid, a Enrique Urquijo Prieto. Había muerto por una sobredosis. Ese chico de mirada triste, tímido y sensible, capaz de desnudarse y desnudarnos con cada una de sus canciones con su grupo Los Secretos junto a su hermano Álvaro; o en una época posterior en solitario con su banda Los Problemas, se rompió para siempre por culpa de su adicción.

A pesar de toda esa melancolía que parecía arrastrar, esa timidez que desaparecía con una guitarra en las manos y un micrófono, quienes le conocieron y trataron dicen que era el más bromista de todos los integrantes de la banda y amigos cercanos. Siempre tenía alguna preparada para la risa de todos.

Quizá, solo quizá, la música también era refugio para él. 

Ahora que estoy peor...

Peor por culpa su recuerdo, de la necesidad egoísta de más y más canciones suyas, roto de tristeza y rabia mientras por los altavoces de mi iMac suena su música, no voy a caer en lo fácil, en decir que lo malo que lo acompañó durante toda su carrera o dónde se metió.

Muchas veces nos empeñamos en querer luchar las guerras de otros cuando somos incapaces de lidiar con las nuestras.

El hecho, y con lo que me quedo siempre, es con todo lo bueno que le ha dado su música a mi vida. Os aseguro que no sería la misma persona sin la banda sonora que ha ido forjando cada uno de los pasos que he ido dando.

Por el bulevar de los sueños rotos...

En ese eterno lugar donde las nostalgias se convierten en tristezas es donde algunos días quiero estar.

Es un rincón eterno y mágico al que solo unos pocos artistas consiguen llevarnos. En mi caso, es Enrique uno de ellos. Con él nutro mi mente, mi alma, para posteriormente trasladar toda la emoción conseguida y convertirla en la personalidad de algún personaje, un momento deseado o un poema lleno de borrones y lágrimas por algún tiempo mejor. Porque ya saben, los momentos ya vividos siempre nos parecen mejores.

Enrique Urquijo Prieto lo saben bien. Componía sobre sus miedos, el amor, sus adicciones y sobre lo que más quería, su hija.

Escribía versos rotos sobre acordes imposibles en los que nos regalaba su tristeza. Sus canciones están llenas de él mismo, ni más ni menos, de todo lo que fue y de dónde deseaba salir y no lo conseguía. 

Y su mayor deseo: Volver a ser un niño.

Solo ha sido un sueño...

Me levanto de la cama y corro a encender la radio para escuchar el nuevo tema suyo con el que he soñado,

Y sí, solo ha sido un sueño. Porque eso es lo que soñamos sus seguidores. Lo que sueño yo.

Los Secretos y Enrique Urquijo van a seguir acompañándome a lo largo de mi vida. Son mi banda sonora. Por suerte su peculiar voz, sus canciones y los poemas en las que se envuelven, siguen y seguirán vivas para siempre. Son para nosotros, esa es la grandeza del arte, el artista, cuando termina su obra, la entrega y ya nunca vuelve a ser suya del todo.

Hasta pronto, amigos.

¡Ah!

Y gracias por elegirme.

4 comentarios en “Volver a ser un niño”

    1. Me alegra mucho que te haya gustado.
      La música, como el resto de las artes, es capaz de transportarnos a lugares o momentos especiales. Si ha servido para que escuches su música ya me siento bien. Ahora puede que tú también viajes a esos lugares o momentos. Un abrazo.

  1. La banda sonora de mi vida, un documental sobre su vida me ha devuelto las ganas de volver a escuchar su música en bucle.
    Y ganas de que me sigan acompañando en el camino.

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